Es lunes 23 de julio, en el trabajo, todo igual. Mucha pega, llena de desafíos, cierto colapso neuronal, pero bien: Este es el ritmo, ya me aprendí el compás….
Vuelvo a repetir de memoria la misma premisa de todos mis lunes: “Tengo al menos la intención de no neurotizarme otra vez con mi maldito “afán laboral” y no quiero volver a ser una adicta al trabajo acelerado, nervioso, compulsivo…encorvada en computador y sintiendo los ojos con arena al llegar cada tarde.
El lunes sí o sí, pido hora al oftalmólogo.
Pero hoy es un lunes diferente. Faltan sólo algunos días para que se cumplan 6 meses de mi operación. Seis meses de mi dolor más hondo, de mi herida más profunda…
Hace seis meses que un grito desgarrador me llenó de silencio….Un “legrado” le dicen los que saben. Perdí a mi hijo, convertido en un “aborto retenido” y estoy agotada de decirle al mundo que estoy bien, tranquila, que dios sabe porque hace las cosas…
Probablemente mi hijo se fue antes de las malditas ecografías que no le encontraron latidos…, un día que no sé…eso quizás es lo que más me duele….de qué me sirve tanta intuición, ser tan perceptiva, sino pude darme cuenta que mi hijo no venía bien??
Si no alcancé a pedirle a mi cuerpo que lo despidiera??
Si no pude advertir siquiera que sus latidos eran débiles…que quizás estaba luchando por quedarse conmigo??
Sentí tantas cosas y ninguna me conformó. Durante días quedé presa de la macabra escena en mi cabeza…la luz del pabellón, la camilla ginecológica, la anestesia general, mi hijo muerto.
Desde el pasado 1 de febrero que para mí no hay lugar más oscuro, ni más solitario que un pabellón.
En diciembre lo supe. Y claro, confirmé mis sospechas con el ginecólogo y después hice lo que siempre soñé: Compré unos zapatitos blancos de bebé y un babero, lo envolví en un bello papel de regalo y zas! cuando Vinko llegó a la casa, le entregué el regalo más sublime que puede existir.
Nunca, lo juro: NUNCA lo había visto así, sus ojos le brillaron con una emoción tan distinta, tuvimos el llanto más feliz del mundo…
Y bueno, fuimos al primer control, nerviosos como niños pero muy contentos. Todo andaba bien.
Nuestra segunda visita al doctor era la más emocionante. Íbamos a escuchar sus latidos, entramos con un CD bajo el brazo, inmensamente orgullosos, risueños y dispuestos a grabar el sonido de su corazón.
Pero al entrar a la consulta todo cambió. Cuando comenzamos a ver a mi pequeñito en la pantalla el doctor quedó en silencio por varios minutos, con su cara de “no quiero preocuparlos, como se los digo” que es peor que la más terrorífica de las películas de terror.
Luego de mucho rato nos dice que algo no anda bien, que el bebé no es del tamaño normal, que tiene menos latidos de los que debiera, que el anillo vitelino es más grande…en fin, que debemos esperar una semana. “Hay una probabilidad de un 80% de que su corazón deje de latir en un par de días, pero si eso no pasa, todo va a andar bien. Ven el otro jueves”
Fue una semana horrorosa, macabra, teñida de todos los miedos del mundo. Le tuve miedo nuevamente a la oscuridad, a la mentira, al abandono, a la locura…Me volví seca, añeja, podrida…
Me sumergí buscando explicaciones a los problemas genéticos y claro, no podía entender nada…Vinko me sujetaba de la mano y sé que me abrazaba el alma con su cariño, con su infinito amor de hombre niño, pero mi dolor era más fuerte que cualquier amor del mundo.
Sólo tenía 2 meses de embarazo y lo vi vestido de pingüino bello en su primer día de clases…. imaginé cómo le diría que NO si me pedía un cigarro a los 12…en cómo ser una “mamá chora” y darle libertad y protegerlo, guiarlo como se debe….. en los ataques de cosquillas y las idas a pescar con su papá, en ponerle bloqueador para que este sol abrumador de Iquique no dañara su carita de ardilla asustada con sus ojitos chicos (iguales a mi amor)…..
Acaso nadie me podía entender? NO QUERÍA NADA, ni comer, ni dormir, ni salir, ni vivir…..
Quería morirme un par de días y resucitar dos meses atrás, comprando los zapatos blancos para dar la sorpresa de que en el vientre llevaba a MI HIJO, fruto de un amor limpio…
No, no me interesa la respuesta al porque a mí?? esto es sólo un desahogo, una especie de grito guardado que me estaba carcomiendo el alma…
Lo que menos quiero es dramatizar….Sí, tengo una vida bella: un año y medio de matrimonio en el cuerpo y un marido y un amante maravillosos, que además son la misma persona (no saben cómo se agradece)
Mis padres gozan de buena salud y los amo más que a los 5 años…… a pesar de que los conozco mucho más que en el kinder….
Tengo unos hermanos geniales, luminosos, que me alegran hasta el día más perro….
Mis amigos son un sol, algunos están lejos, y otros están al alcance de mi mano. Todos sí, están muy dentro.
Y yo estoy aquí, vomitando palabras polvorientas, porque este mes nos lanzamos nuevamente a los mares de la búsqueda de mi hijo y quiero estar limpia de miedos para dejar que la esperanza me tome por sorpresa y se aferre a mí, porque todavía no tengo los cojones para aferrarme yo a ella.
Vuelvo a repetir de memoria la misma premisa de todos mis lunes: “Tengo al menos la intención de no neurotizarme otra vez con mi maldito “afán laboral” y no quiero volver a ser una adicta al trabajo acelerado, nervioso, compulsivo…encorvada en computador y sintiendo los ojos con arena al llegar cada tarde.
El lunes sí o sí, pido hora al oftalmólogo.
Pero hoy es un lunes diferente. Faltan sólo algunos días para que se cumplan 6 meses de mi operación. Seis meses de mi dolor más hondo, de mi herida más profunda…
Hace seis meses que un grito desgarrador me llenó de silencio….Un “legrado” le dicen los que saben. Perdí a mi hijo, convertido en un “aborto retenido” y estoy agotada de decirle al mundo que estoy bien, tranquila, que dios sabe porque hace las cosas…
Probablemente mi hijo se fue antes de las malditas ecografías que no le encontraron latidos…, un día que no sé…eso quizás es lo que más me duele….de qué me sirve tanta intuición, ser tan perceptiva, sino pude darme cuenta que mi hijo no venía bien??
Si no alcancé a pedirle a mi cuerpo que lo despidiera??
Si no pude advertir siquiera que sus latidos eran débiles…que quizás estaba luchando por quedarse conmigo??
Sentí tantas cosas y ninguna me conformó. Durante días quedé presa de la macabra escena en mi cabeza…la luz del pabellón, la camilla ginecológica, la anestesia general, mi hijo muerto.
Desde el pasado 1 de febrero que para mí no hay lugar más oscuro, ni más solitario que un pabellón.
En diciembre lo supe. Y claro, confirmé mis sospechas con el ginecólogo y después hice lo que siempre soñé: Compré unos zapatitos blancos de bebé y un babero, lo envolví en un bello papel de regalo y zas! cuando Vinko llegó a la casa, le entregué el regalo más sublime que puede existir.
Nunca, lo juro: NUNCA lo había visto así, sus ojos le brillaron con una emoción tan distinta, tuvimos el llanto más feliz del mundo…
Y bueno, fuimos al primer control, nerviosos como niños pero muy contentos. Todo andaba bien.
Nuestra segunda visita al doctor era la más emocionante. Íbamos a escuchar sus latidos, entramos con un CD bajo el brazo, inmensamente orgullosos, risueños y dispuestos a grabar el sonido de su corazón.
Pero al entrar a la consulta todo cambió. Cuando comenzamos a ver a mi pequeñito en la pantalla el doctor quedó en silencio por varios minutos, con su cara de “no quiero preocuparlos, como se los digo” que es peor que la más terrorífica de las películas de terror.
Luego de mucho rato nos dice que algo no anda bien, que el bebé no es del tamaño normal, que tiene menos latidos de los que debiera, que el anillo vitelino es más grande…en fin, que debemos esperar una semana. “Hay una probabilidad de un 80% de que su corazón deje de latir en un par de días, pero si eso no pasa, todo va a andar bien. Ven el otro jueves”
Fue una semana horrorosa, macabra, teñida de todos los miedos del mundo. Le tuve miedo nuevamente a la oscuridad, a la mentira, al abandono, a la locura…Me volví seca, añeja, podrida…
Me sumergí buscando explicaciones a los problemas genéticos y claro, no podía entender nada…Vinko me sujetaba de la mano y sé que me abrazaba el alma con su cariño, con su infinito amor de hombre niño, pero mi dolor era más fuerte que cualquier amor del mundo.
Sólo tenía 2 meses de embarazo y lo vi vestido de pingüino bello en su primer día de clases…. imaginé cómo le diría que NO si me pedía un cigarro a los 12…en cómo ser una “mamá chora” y darle libertad y protegerlo, guiarlo como se debe….. en los ataques de cosquillas y las idas a pescar con su papá, en ponerle bloqueador para que este sol abrumador de Iquique no dañara su carita de ardilla asustada con sus ojitos chicos (iguales a mi amor)…..
Acaso nadie me podía entender? NO QUERÍA NADA, ni comer, ni dormir, ni salir, ni vivir…..
Quería morirme un par de días y resucitar dos meses atrás, comprando los zapatos blancos para dar la sorpresa de que en el vientre llevaba a MI HIJO, fruto de un amor limpio…
No, no me interesa la respuesta al porque a mí?? esto es sólo un desahogo, una especie de grito guardado que me estaba carcomiendo el alma…
Lo que menos quiero es dramatizar….Sí, tengo una vida bella: un año y medio de matrimonio en el cuerpo y un marido y un amante maravillosos, que además son la misma persona (no saben cómo se agradece)
Mis padres gozan de buena salud y los amo más que a los 5 años…… a pesar de que los conozco mucho más que en el kinder….
Tengo unos hermanos geniales, luminosos, que me alegran hasta el día más perro….
Mis amigos son un sol, algunos están lejos, y otros están al alcance de mi mano. Todos sí, están muy dentro.
Y yo estoy aquí, vomitando palabras polvorientas, porque este mes nos lanzamos nuevamente a los mares de la búsqueda de mi hijo y quiero estar limpia de miedos para dejar que la esperanza me tome por sorpresa y se aferre a mí, porque todavía no tengo los cojones para aferrarme yo a ella.